Un Hombre de Códigos, pero sin Ética


La mayoría de las personas, cuando hablan de sí mismas, exaltan sus virtudes y ocultan sus defectos. El Sr. K es  al revés.
Me consta que es un tipo compinche, de esos que se entera inexplicablemente cuando uno necesita una mano. Pero difícilmente admitirá que lo hace por compasión o cariño. El se justifica diciendo que es un favor político que debe ser devuelto con un voto en alguna elección futura. Si fuese cuestión de costo-beneficio, las inversiones de K son malas, así que estoy convencido que en el fondo es buena persona.
Pero éste último razonamiento no es válido en el fútbol.
La teoría del fútbol argentino se resuelve en dos grandes bibliotecas. Por un lado, los resultadistas dicen que el fin de ganar justifica todos los medios. Por lo tanto, hay que parar el equipo para arriesgar poco, meter un gol aprovechando los errores de los adversarios y luego cuidar el resultado. En la vereda del frente, están quienes dicen que se debe intentar jugar bien siempre. Y que de esa manera, tarde o temprano vendrán los buenos resultados; y, en el peor de los casos en que no lleguen, uno podrá dormir orgulloso de su esfuerzo.
En esa división entre priorizar resultados o priorizar medios, el Señor K rompe todos los moldes. Es fundador de su propia escuela. Él cree que se debe jugar mal siempre, aunque con ello no se logre resultado alguno. Hay que poner laxantes en las bebidas de los adversarios, tirar la pelota afuera cuando se pueda y pegarle duro a los jugadores habilidosos. Su formación ideal es 8-1-1. Dos pases seguidos de la pelota, son en sus palabras "un juego obsceno".
Así, el hombre gris es "Anti resultadista".
Una vez oí que le dijeron: "K, tu juego no es ético" y él respondió "¿Cuál es el problema? Yo no tengo ética, tengo códigos".

Meet Joe Grey


Conocí al Sr. K allá por 2005, en clase. Recuerdo haber visto a ese hombre menudo de saco y maletín caminar por el pasillo, conversando. En ese entonces todavía no había tenido su giro metrosexual. Usaba el pelo corto, al estilo de un jugador de fútbol dirigido por Pasarella. Extremadamente delgado, tenía un aire a Franz Kafka.
Luego intercambiamos algunas palabras de política. A diferencia del resto de los compañeros, K no se pretendía como intelectual. Mas bien, era un hombre de territorio. Sospecho que estudiaba (y sigue estudiando) sólo para llevar un "Dr" o "Lic." antes de su nombre, el día que sea ministro. Fue y siempre será un hombre de la rosca.
En algún momento, allá por 2006, tuvo su metamorfosis. Al igual que Samsa, se convirtió en un bicho. Pero en un bicho más bien nocturno. Cambio sus pantalones de vestir por unos cool jeans. Y empezamos a verlo de noche, en los boliches top de la ciudad. Cambió su corte de pelo también.
Con el tiempo descubrí que su nuevo look respondía a una nueva estrategia política. El hombre es peronista, incorregible e impresentable. Pero tomó una fuerte definición: en aquel tiempo había dejado de ser kirchnerista para volverse, primero menemista y luego duhaldo-macrista. "Hay que hacer política en los boliches" dice hasta el día de hoy. Poco tiempo después en la política nacional se hablaba de "pingüino o pingüina" y el Señor K consumaba su giro a la derecha. Dijo: "esa mujer no puede gobernar éste país". Se distanció de sus otrora ídolos el motonauta y el camionero y empezó a reivindicar al empresario de apellido italiano.

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